lunes, 28 de diciembre de 2009
Hoy toca...
...hoy toca como no puede ser de otra menera...CUAMPLEAÑOS!!!! Dios, 22 años ya, parece mentira que fue ayer cuando entre en el instituto con 11 añitos y no conocia a nadie porque era el unico de mi colegio que habia elegido ir al instituto grande. Pues nada, 22 años ya, ojala no corran tan rapido los años hasta los 30 como dicen...
miércoles, 23 de diciembre de 2009
A vuelapluma...
Es increíble como hay veces que detalles como una imagen, una cancion o una película te teletransportan a otro lugar sin desearlo. En este caso no es un lugar a miles de kilómetros de donde estoy o una historia de cuento de hadas de las que antes escribia, se trata de un regresion atrás en el tiempo. Esta vez fue una peli, la vi anoche con un amigo, no esperaba encontrarla en su cartuchera de películas grabadas y le dije que la vieramos, hacia años que no la recordaba aunque esta entre mis favoritas.
Hace años, cuando estaba en el instituto, me senti muy identificado con el protagonista de la peli, demasiado bocazas para callarte ante la autoridad de un profesor, demasiado seguro de si mismo para reconocer que no llevaba la razon cuando sabia que la llevaba, obsesionado con el baloncesto aun intentaba entrenar cada dia para ser mejor que el anterior. Desde luego no me considero tan inteligente como el chico de la película, pero si sentia que a veces tenia que intentar no destacar en nada, vivir el insituto es lo que tiene supongo.
Ahora es cuando viene la reflexion, ¿he cambiado mucho desde entonces? A priori diria que si. Creo que ya no transmito toda esa aura positiva que transmitia hace 5 o 6 años, quizas me he vuelto mas frio, mas reservado, me cuesta mas empatizar con la gente. Por el contrario ahora me considero menos egoísta, antes si que lo era, mucho, solo me importaba mi bien y tener cada dia lo que me habia propuesto, no es que ahora sea todo bondad, para nada, me cuesta mucho tener un gesto hacia la gente y no me siento orgulloso por ello, pero en cambio hay veces que me paro a pensar y creo que, si tuviera que elegir entre desear un mal para determinadas personas de mi alrededor y desearmelo a mi mismo desearia llevarme el golpe yo. Tampoco me siento orgulloso por ello, muchas cosas malas me han pasado últimamente por ser asi, pero hay personas con las que no puedo ponerme la coraza, mas bien prefiero ponerme de escudo. Tambien es cierto que me sorprendo a mi mismo en medio de estas reflexiones diciendome: “tio, eres gilipollas, no eres ningun Superman y algun dia el golpe va a ser demasiado fuerte, ademas, piensalo bien, de todas esas personas por las que serias capaz de sufrir, ¿cuántas estarian dispuestas a hacerlo por ti?”. Pues no lo se, no se cuantas estarian dispuestas a ponerse de escudo para protegerme, pero tampoco me preocupa, no se lo exijo a los demas porque no hay razon para hacerlo.
¿Qué saco al final de todo esto? Pues, creo que mi vida no ha cambiado gran cosa desde entonces, ni en los estudios donde realmente lo paso mal, es mi cruz particular, ni en lo afectivo, ni con mi familia ni en relaciones personales, muchas veces me digo a mi mismo que deberia demostrarles mas a mi familia lo que los quiero, pero como me dijo un amigo, nosotros partimos del “eso ya se sabe”, pero no puedo dejar de odiarme por hacerlo. En las relaciones personales…demasiados amigos me han fallado, otros me han sorprendido gratamente, pero menos que los que me han fallado. Y con las niñas…bueno, ese es un tema para no dejar de escribir, simplemente creo que es tan difícil que dos seres humanos encajemos a la perfeccion que a veces no deberiamos intentar buscarla, porque no dejariamos de ser infelices pero, cuando crees haberla encontrado, es increíble como se esfuma de entre tus dedos.
domingo, 20 de diciembre de 2009
Soñando con las estrellas II: Orfeo y Euridice
Cuentan que cuando Orfeo tocaba no sólo los hombres, animales y dioses se quedaban embelesados escuchándole, sino que incluso la Madre Naturaleza detenía su fluir para disfrutar de sus notas, y que así, los ríos, plantas y hasta las rocas escuchaban a Orfeo y sentían la música en su interior, animando su esencia.Con tantas cualidades, no era de extrañar que las mujeres le admiraran y que tuviera no pocas pretendientes. Pero sólo una de ellas llamó su atención, y no fue otra que Eurídice, quien seguramente no era tan atrevida como otras y puede que tampoco tan hermosa... pero el amor es así, caprichoso e inesperado, y desde que la vio, la imagen de su tierna sonrisa, de su mirada brillante y transparente, se repetían en la mente de Orfeo, que no dudó en casarse con ella. Zeus, reconociendo el valor que había demostrado en muchas de sus aventuras, le otorgó la mano de su ninfa, y vivieron juntos muy felices, disfrutando de un amor que se dice que fue único, tierno y apasionado como ninguno.
Pero no hay felicidad eterna, pues si la hubiera, acabaríamos olvidando la tristeza, y la felicidad perdería su sentido... y también en esta ocasión sobrevino la tragedia. Quiso el destino que el pastor Aristeo quedara también prendado de Eurídice, y que un día en que ésta paseaba por sus campos, el pastor olvidara todo respeto atacándola para hacerla suya. Nuestra ninfa corrió para escaparse, con tan mala fortuna que en la carrera una serpiente venenosa mordió su pie, inoculándole el veneno y haciendo que cayera muerta sobre la hierba.
No hubo lágrimas suficientes para consolar el dolor de Orfeo, y una noche de las muchas que pasó en vela llorando a su amada, decidió que si hacía falta, descendería él mismo a los infiernos de Hades para reclamar a Eurídice. Fue un viaje duro, tuvo que enfrentarse al guardián de las puertas de los Infiernos, Kancerbero, quien a punto estuvo de atacar pero que finalmente respondió a la música de Orfeo como otros tantos animales habían hecho anteriormente. Así fue como nuestro músico se internó en el submundo, sin cesar de tocar y de cantar su tristeza.Cuentan que el mismo Hades se detuvo a escucharle, que las torturas se interrumpieron, que todos encontraron un momento de paz en la visita de Orfeo. Sísifo, condenado a subir una piedra hasta la cumbre de la montaña una y otra vez, detuvo su marcha; los buitres que torturaban a Prometeo desgarrando sus entrañas se posaron en el suelo y Tántalo, quien jamás podría saciar su hambre o su sed, rompió a llorar olvidando sus necesidades. Y los Señores del Infierno, Hades y Perséfone, quedaron conmovidos por la belleza del canto de Orfeo.
Así, decidieron devolver a la vida terrenal a Eurídice, con la condición de que ésta caminase detrás de Orfeo en el viaje de vuelta al mundo de los vivos, y que éste no mirase atrás ni una sola vez hasta que no estuvieran en la superficie. Y ambos emprendieron la marcha.
El viaje fue difícil, lleno de penurias. Si la bajada al Hades había costado, el ascenso fue aún peor. Eurídice seguía herida y débil, y las sombras se cernían sobre ellos amenazadoras, el frío se colaba en sus huesos, los tropiezos eran cada vez más frecuentes. A punto ya de llegar a la salida, cuando los primeros rayos de luz traspasaron las sombras, Eurídice dejó escapar un suspiro aliviada, y Orfeo olvidó la orden de Hades y miró hacia atrás por un instante. Entonces su amada empezó a desvanecerse, pues la condición impuesta había sido violada, y aunque Orfeo se lanzó sobre ella en un abrazo que la retuviera, no fue más que aire lo que estrechó entre sus brazos.
Orfeo intentó entonces descender de nuevo al Hades, pero Caronte, el barquero de la laguna Estigia, le negó la entrada, y ambos apenas pudieron despedirse con una mirada a través de las aguas. Y aunque esperó Orfeo siete días con sus siete noches en el margen del lago, acabó viendo que era demasiado tarde para enmendar su error, y marchó a vagabundear por los desiertos, sin apenas probar bocado, acompañado sólo por su lira y su música.
viernes, 18 de diciembre de 2009
Fijate en ti
El material del que estáis hechos es blando
Y su energía depende de la oxidación ineficiente de la materia orgánica
Entráis cada noche en un estado de coma y soñáis
Pero de que sirven los sueños si casi nunca se cumplen
Pensáis es cierto, pero os equivocáis frecuentemente
Y a la menor variación externa, perdéis vuestra eficiencia
Sois alterables, sois imperfectos
En cambio yo, preferiría sentir lo que sentís……
sábado, 12 de diciembre de 2009
Soñando con las estrellas I: Orión (como no podia ser de otro modo)

Orión era hijo de Poseidón, dios del Mar, y de Gea, la Madre Tierra. Tenía una belleza extraordinaria y creció tanto que llegó a convertirse en un auténtico gigante. Tan enorme era, que podía andar por el fondo de los mares profundos sin que jamás las aguas le cubrieran de hombros para arriba.
Orión fue a la isla de Quíos, donde al poco tiempo se enamoró de Mérope, la hija del rey Enopión. Tal era su amor hacia ella que la pidió en matrimonio. Enopión consintió en ello, pero previamente exigió al gigante que demostrara su valor llevando a cabo una difícil misión. Orión tendría que exterminar un gran número de animales dañinos que estaban causando enormes pérdidas en las cosechas de la isla. Una vez que hubo exterminado todas las alimañas, el monarca se negó a cumplir lo prometido.
Orión intentó vengarse de Enopión, pero no pudo encontrarlo ya que éste se refugió en una cámara subterránea tan enrevesada, que era prácticamente inescrutable. Entonces, Orión montó más aún en cólera y, enfurecido, le dió por matar con sus infalibles flechas y sin piedad alguna todos los animales que le iban saliendo al paso, ya fueran animales feroces o mansas e inocentes criaturas. Tal era el número de bajas que había causado ya, que su madre Gea tuvo que intervenir pidiéndole, sin ningún éxito, que fuera benévolo y reflexivo. Orión hizo caso omiso a las palabras de su madre y siguió en sus trece, a pesar de las repetidas advertencias de Gea.
Un día, cuando el soberbio gigante se encontraba reunido con sus amigos, envaneciéndose de que ni los tigres, ni las panteras, ni aún los leones o serpientes eran capaces de producirle espanto alguno, desbordó la paciencia de su madre, la cual le mandó un escorpión muy venenoso. Orión, al verlo, no pudo contener su irónica sonrisa ante la ridiculez de aquel insignificante adversario enviado por Gea.
El gigante se confió demasiado y el escorpión le picó en un pie con su potente aguijón venenoso. La terrible ponzoña se extendió por toda la sangre del cazador y éste cayó al suelo medio moribundo. Cuando vio que la muerte era ya inminente, pidió auxilio e imploró venganza al todopoderoso Zeus, ya que la muerte que le acechaba era poco gloriosa para un personaje de su talante. Le pidió al dios supremo que lo colocaran en los cielos con sus dos fieles perros de caza y una liebre , para que los hombres, cuando miraran hacia arriba en las oscuras noches estrelladas, recordaran sus aventuras como cazador. También le pidió a Zeus el dominio de las tempestades, las tormentas, el hielo y los vientos, a fin de poderse vengar así de su madre la Tierra (Gea).
El dios fue condescendiente con Orión y atendió sus súplicas. La Tierra tembló, y desde entonces lo ha venido haciendo hasta nuestros días cada vez que ha visto aparecer a Orión sobre el firmamento, ya que éste siempre ha traído consigo el viento, el frío, las tempestades, los hielos, las nieves y las escarchas, que tan abundantes son en invierno sobre la Tierra, coincidiendo con la llegada de esta constelación.





domingo, 9 de noviembre de 2008
¿Que es un fantasma?
martes, 6 de mayo de 2008
Cuando era pequeño...
GRACIAS, FUE TAN BONITO, POR DARME TANTO CUANDO ERA NIÑO.
viernes, 2 de mayo de 2008
El dilema del erizo...
Supongo que los humanos, al igual que los animales irracionales tambien nos damos cariño asi, claro que si, nos damos abrazos, besos...pero, ¿quien no se ha sentido erizo alguna vez? O lo que es peor, ¿quien no se ha sentido victima de un erizo?
Supongo que a todos nos gusta sentir ese cariño, que nos abracen, que nos den besos...pero a veces parece incluso mejor cuando ese cariño va acompañado de dolor, porque mientras mas nos acercamos a esa persona mas daño nos hacemos, ¿porque seguimos clavandonos esas puas llenas de veneno tan solo en busca de un beso? ¿Cuanto de humanos y cuanto de erizo me queda en mi interior?