
La luz de la Luna teñida de rojo se filtraba por la ventana a medio abrir de la habitación de Isobel. Sus cortinas color sangre vestían de rojo los pálidos rayos de una Luna venida a menos por el invierno, como si no quisiera mostrarse en toda su plenitud y prefiriera esconderse tras las nubes debido al frío invernal. Cuando la Luna se abriga tras las estrellas titilantes del cielo su luz parece menos clara y mas tímida. Isobel se liberó de unas pesadas mantas que hacían mas acogedora una noche diseñada para hacer escapar hacia el cielo cualquier atisbo de vida en la Tierra y se adentró en la oscuridad de su cuarto. El frío golpeaba en su rostro y le punzaba, no obstante, el poder que le hacía posar un pie delante del otro sobre el gélido suelo de mármol blanco era mayor que el deseo de volver a su cobijo de sabanas y seguridad, algo en su interior, sin saber que era, la empujaba a escaparse de su habitación, flotar sobre sus pasos y arrojarse a los peligros de la noche, llena toda de gemidos, resplandores de entes etéreos invisibles a nuestros ojos, crujidos venidos de donde nada debía haber y miradas felinas provenientes de la oscura entrada al infierno.
El poder que le hacía abandonar la seguridad de su cama era como un susurro, una voz que repiqueteaba en su cabeza y la convencía con dulces palabras de madre a que se acercara hacia ella, por mucho que Isobel supiera que de protectora tenía poco aquella sibilante voz. Pasó por delante de la puerta de su vestidor, desde cuyo interior un claroscuro aura dorado se colaba entre las rendijas de la entrada. Isobel entró. La dorada llamada de su cabeza provenía de su espejo, donde tantas veces se había mirado para probarse sin éxito alguna prenda de ropa que disimulara de algún modo su demacrado rostro. Hacía años, jugando con sus primos, Isobel había sufrido la desgracia de recibir de parte de unos de ellos en la cara un cubo lleno de lejía, pensando su primo que se trataba de agua, lo cual había dejado los ojos de Isobel desfigurados y rodeados de una púrpura cicatriz que dejaban sin luz las estrellas de sus pupilas, como un Sol que no alumbra o una Luna que no da el norte. Desde entonces, Isobel se había sentido desgraciada y humillada por cuantos compañeros de colegio había tenido, el inocente y cruel sentido del humor infantil habían hecho mella en su corazón mas que la lejía en su rostro.
La voz le siguió pidiendo que se acercara, hasta que Isobel se plantó delante del espejo y vio ante sí a una bella muchacha vestida de sedosas y blancas telas que flotaban por un viento que no existía, al menos no en el vestidor de Isobel. La voz, proveniente del espejo, le habló:
-Hola, Isobel.
-Ho....hola. ¿Quien eres?
-Quien sea no es importante, lo importante es que aquí estoy, delante de ti, mostrándote lo que podrías ser de no haber sufrido tan lamentable accidente.
-¿Y que quieres de mi? ¿Quien es la chica que veo en el espejo en lugar de mi reflejo?
-¿Acaso no te gusta lo que ves? El reflejo eres tu Isobel, o lo que podrías ser, si me obedeces.
-¿Obedecerte? ¿En qué? Yo no te conozco, no se quien eres.
-Llámame oportunidad, si acaso lo crees oportuno, pero sólo tienes que cruzar el espejo para convertirte en la muchacha que ahora ves ante ti.
-¿Cruzar el espejo? Y, ¿que hay al otro lado?
-Al otro lado no hay mas que la habitación en la que ahora estas, solo que cuando vuelvas a mirarte al espejo seguirás viendo a la muchacha que ahora ves...pero sin ser una visión imaginaria, serás tu misma y estarás curada de tus heridas.
-¿Seguro?
-Si.
-¿Sin nada a cambio?
-Tal vez cuando vuelvas algo habrá cambiado de la vida que ahora conoces, pero te aseguro que lo que pierdas te será rentable con lo que habrás ganado.
Isobel se quedó pensativa. Una parte de su interior no se fiaba de esa voz proveniente del espejo, no había decidido aún si confiaba en ella o no, pero la posibilidad de hacer desaparecer sus heridas era demasiado tentadora como para dejarla escapar. Desde que había sufrido aquel accidente muchos de sus sueños e ilusiones en la vida se habían difuminado con la rapidez con que aquel disolvente había hecho mella en su angelical rostro de niñez. ¿Acaso era verdad que podía, cruzando aquel espejo, hacer desaparecer su vergüenza? Isobel miraba con recelo al espejo mientras, instintivamente, daba un paso hacia él. El aura dorada seguía haciéndolo brillar en la oscura noche de invierno, algo en su interior le decía que se alejara de allí mientras, instintivamente, daba otro paso hacía el espejo...y lo cruzó.
Una habitación llena de nada la recibió al otro lado del espejo, no veía su vestidor, sus altas columnas de ropa, sus colmenas de madera llenas de zapatos y su dormitorio al otro lado de la puerta. En su lugar, Isobel sentía la presencia de algo maligno a punto de abalanzarse sobra ella desde los llantos que ahora escuchaba. Obligó a sus ojos a acostumbrarse a la nula luz que allí había y entonces pudo ver el horror que albergaba aquella sala de purga. Decenas de personas desnudas, en posición fetal y sin mas habla que un llanto sordo se encontraba mirándola con sus caras desfiguradas por trozos de cristal esparcidos por todo el suelo, trozos que multiplicaban por mil las miradas chirriantes de dolor de aquellos seres que se clavaban en Isobel.
-¿Donde estoy?!!!!! ¿Qué es esto?!!!!!!! ¿Donde me has llevado?!!!!!!
Una risa de ultratumba fue toda la respuesta que Isobel recibió...en un principio:
-Estas en la antesala del purgatorio donde aquellos que no han sabido aprovechar sus muchos dones cumplen condena. Yo no soy mas que su guardián y me alimento de almas puras y nobles atormentadas por sus miedos y temores. Tu, Isobel, no has sabido ver en tu interior y has sucumbido al miedo de tu rostro, por lo cual vagarás en esta sala el resto de la eternidad, lejos de la vida que has dejado atrás, a la que nunca volverás y que seguirá su curso sin ti. Has volado al mundo de los maculados, para jamas volver a ser visto por un alma limpia.
Isobel miró a todos los seres a su alrededor, aterrada por su visión y por cómo había sido engañada, sin haber sido capaz de valorar cuanto tenía en su vida: amigos, familia y mas gente a su alrededor que la quería que los que la acosaban. Ahora, aplanada por el peso de la culpa y apretada contra el suelo, sentía como sus pies rechinaban con el cristal que en él había. Cogió uno de ellos, se puso de pie, se lo acercó a los ojos...y empezó a gritar sin sonido mientras un charco de sangre crecía a su alrededor...
...de pronto la luz volvió a ella.
Ya no estaba en aquella sala de purgas, volvía a estar en su habitación y sintió como los primeros rayos de Sol de una fría mañana de Navidad se posaban sobre sus ojos. Se levantó y corrió hacia el baño para mirarse ante el espejo y un sudor frío recorrió su espalda. Su rostro era bello y sin imperfecciones. Aquel sueño o pesadilla había sido verdad en parte, al menos hasta antes del punto en el que se había quedado presa de aquel lugar lleno de terror y maldad.
Corrió escaleras abajo y gritó "¡¡¡Mamá, mamá!!!". Mamá nos respondió, seguro que había salido a comprar bollos para desayunar. "¡¡¡Papá, papá!!!", pero papá no respondió. Que tonta era, estaban a martes, seguro que papá estaba trabajando, lo comprendió, pero se sentía impaciente por enseñarle a todo el mundo lo perfecto que era ahora su rostro. Salió a la calle pero no vio a nadie en ella, intentó entrar en la panadería pero estaba cerrada, corrió hacia la casa de sus vecinos pero nadie respondió, empezaba a estar extrañada pero fue sin parar de correr hasta la casa de su abuela, seguro que ella estaba allí para admirar cuan guapa era ahora su nieta, pero nadie allí le abrió la puerta. Que raro, llevaba un rato correteando por todo el pueblo y no se había cruzado con una sola persona, ningún coche en marcha ni ninguna chimenea exhalaba humo por su boca. Corrió de vuelta a casa, abrió la puerta de un empujón, entró en el salón...y calló al suelo desconsolada, la verdad la aplastó contra el suelo, las fotos de su infancia, de sus cumpleaños, las de los viajes con sus padres o las de éstos en días señalados habían desaparecido, no quedaba nada que hiciera honor a una vida en este mundo, su historia y la de sus seres queridos había sido borrada de su realidad hasta darse cuenta de que, en efecto, estaba sola en el mundo...y nunca nadie podría admirar su bello rostro.




